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A cuatro años de la golpiza en el Hospital Zin

A cuatro años de la golpiza contra periodistas, militantes y familiares de víctimas de mala praxis en las inmediaciones del Hospital Zin, la subdirectora de Derechos Humanos, Silvia Burgos, escribió una reflexión sobre lo sucedido. Todavía hay muchas preguntas sin respuesta. En tanto, la investigación judicial sigue su curso. En las últimas semanas continuaban las declaraciones de testigos. Se espera que la fiscal Silvia Bazzani eleve la causa a juicio oral contra los cinco procesados. 

Manifestación en el Hospital, días antes de la golpiza.
Manifestación en el Hospital, días antes de la golpiza.

Hoy a cuatro años de la fatídica marcha frente al Hospital Zin seguimos pidiendo Justicia. El 5 de junio del 2012, me tocó participar de la noche más negra de nuestro distrito, después de la muerte de Celeste Morales de 7 años. La Justicia de San Martín determinó que hubo mala praxis en el postoperatorio de la niña, quien falleció el 1 de junio de ese mismo año.

Junto con la entonces consejera escolar y hoy directora de Derechos Humanos, Nora Perazzone, y un puñado de compañeros decidimos acompañar a la marcha convocada por familiares de víctimas de mala praxis.

Cuando llegamos, a las seis de la tarde, frente al Hospital de Niños Claudio Zin, grande fue nuestra sorpresa al llegar al lugar y encontrarnos a toda la patota municipal. Comandada por punteros políticos que respondían a Jesús Cariglino y a concejales en ejercicio como Alejandro Groh.

También en el lugar estaban apostados agentes de tránsito, Policía Municipal con su director Daniel Echeverría a la cabeza y Policía Bonaerense al mando del comisario Marcos Vera y otro policía de apellido Lemma.

Recorrimos el lugar cruzándonos con gente encapuchada, muchos grupitos en las esquinas a los cuales los punteros proveían de alcohol para soportar el frío de la noche.

Vimos que el ambiente no estaba para hacer ninguna marcha, ya sonaban nuestros celulares pidiéndonos que nos retiráramos del lugar.

Sin embargo, con Nora -está demás decir que es una compañera con ovarios bien grandes- decidimos convencer a los familiares, que seguían resistiendo al hostigamiento de los patoteros a retirarnos del lugar y dejar la marcha para otro día.

Todo ocurrió muy rápido, el cariglinista Marcelo Pereyra de un golpe tiró a la ruta a un hombre mayor que venía a acompañar la marcha, le rompieron la máquina de fotos a Mariano Vega, periodista de Tiempo Argentino. La bestialidad ocurrió delante de mí.

Enseguida y en la desesperación, busqué al comisario Vera, que con una sonrisa me respondió: “Que vaya a hacer la denuncia en la comisaría”.

Ante mi reclamo para que haga algo, me dijo: “Tenemos órdenes de no accionar”. Fui corriendo a hablar con Echeverría y recibí con total cinismo la respuesta: “Ustedes me dan asco”.

En ese momento vino una horda y sacó a Mariano a los golpes, uno de ellos se sacó el cinto del pantalón y lo empezó a revolear. Son tantos, también se pegaron entre ellos como parte de una estrategia política.

Volví con el comisario Vera y ante mi insistencia mandó a dos policías de civil a hacer nada… Entonces, perdí de vista a Mariano, aparecieron lo chicos -porque eran eso, jóvenes que no llegaban a los 30 años- de la agencia de noticias Télam. La fotógrafa venía con la cámara en mano, la siguieron dos patoteros intimándola a guardarla. Le temblaban las manos, mientras la ayudaba le pedía que se vayan.

Fue demasiado tarde, porque a metros y sobre un patrullero -con policías dentro- estaban pegándole a su compañero, el periodista Julio Mosle.

Corría de un lado a otro buscando a mis compañeros, seguía viendo grupitos pegándole a la gente… un compañero me dijo que escuchó a uno de ellos decir “vamos a darle a la Perazzone”. Entonces, este compañero buscó el auto y sacamos a Nora del lugar inmediatamente.

Pude sacar algunas fotos con mi viejo celular que fueron aportadas en la causa. Sobre todo sirvieron para mostrar que la Policía estaba y no hizo nada.

El resto de la historia es conocida, siguieron declaraciones en la fiscalía, aprietes, ruedas de reconocimiento, “compañeros” que se comieron los mocos cuando fueron a declarar y no quisieron decir que los habían llamado “amigos del otro lado” para advertirlos que no vayan.

A los que no quisieron declarar por miedo los comprendo… No fue fácil, sobre todo cuando uno tiene familia.

Después de eso vino la carpa de Legislatura Provincial a sesionar en Malvinas y fuimos llamados “estúpidos e inútiles” durante una sesión en el Concejo Deliberante. Palabras de la concejala Andrea Palavecino, en una pobre defensa de su jefe político, el intendente Jesús Cariglino. La recuerdo mirando a los familiares y riéndose en su cara junto a sus compañeros de banca.

Entiéndanme cuando cruzo a estos lobos disfrazados de corderos. Se me revuelve el estómago de bronca e indignación… Sigo esperando el accionar de la Justicia, sigo ratificando mi declaración.

No lo hago porque soy valiente sino porque considero que es mi obligación de ciudadana. En estos años un familiar se vendió por monedas pero allá él con su conciencia.

Solo se compra lo que está en venta, el pobre tipejo es un chanta. Las víctimas de la feroz golpiza fueron muchas, la mamá de Mélani, Claudia Ledesma, los periodistas Nacho Vaschetto, Adrián Subelza y el militante Matías Nieto, el hijo de mi querida compañera Laura Liedke.

Por todos ellos y para que jamás vuelva a naturalizarse la violencia en Malvinas pido mantener viva en la memoria este hecho deleznable. Conocer toda la verdad de boca de sus protagonistas, algunos de los cuales ayer se colgaron del cartel de Ni una Menos. Y que definitivamente se haga Justicia.

Silvia Burgos, militante de Derechos Humanos y vecina de Malvinas Argentinas

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